El acné es una de las patologías cutáneas más comunes y en numerosas ocasiones, de las más frustrantes en su curación. Las rutinas habituales suelen ser con cremas, antibióticos tópicos y orales, y con tratamientos secantes, que a menudo se expanden hacia otras zonas sanas, y pueden resecar la dermis. Pero, ¿qué ocurre cuando, a pesar de utilizar los mejores productos dermatológicos, seguir pautas estrictas de limpieza de la piel y un largo etc. de recomendaciones, el problema persiste o vuelve con fuerza por el llamado efecto rebote?
En psiconeuroinmunología clínica somos conscientes desde hace tiempo que la piel no es un órgano aislado, sino que es un reflejo de lo que sucede en nuestro complejo sistema a nivel interno.
Debemos analizar por qué el acné, que normalmente suele aparecer en la pubertad por el desarrollo, en muchos casos continúa hasta los 30 o 40 años, o puede salir de repente en personas más mayores por posibles alteraciones hormonales. A través del siguiente post vamos a tratar de comprender qué posibles alteraciones pueden estar relacionadas.
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¿Qué es exactamente el acné?
El acné vulgaris no es solo una patología local, sino una manifestación cutánea que se produce por una alteración del sistema, especialmente en la cara y en otras zonas localizadas como el pecho o la espalda. Se trata de un trastorno inflamatorio crónico de la unidad pilosebácea que surge de la interacción desregulada de los ejes neuroinmune endocrinos donde intervienen varios factores como los genéticos, los ambientales (como la dieta o el estrés) y otros condicionantes,
- La hiperproliferación sebácea y queratinización folicular (impulsada por la vía IGF-1/insulina y los andrógenos, que son las hormonas masculinas).
- Una disbiosis cutánea y sistémica, a través de un posible desequilibrio de la microbiota intestinal.
- O por una respuesta inmunitaria exagerada (inflamación de bajo grado) con el sobre crecimiento de las bacterias Propianibacterium acnes o cutibacterium acnes, mediadas por la hiperpermeabilidad y el estrés crónico.
¿Por qué se produce el acné inflamatorio?
Los tipos de acné más dolorosos y molestos, que brotan en forma de pápulas, pústulas, nódulos y quistes son la consecuencia directa de una respuesta inflamatoria desmedida y profunda en la dermis, alimentada por los desequilibrios sistémicos que acabamos de mencionar.

Tradicionalmente, el acné se explica por cuatro factores:
- por la producción excesiva de sebo,
- por la obstrucción del folículo,
- por la proliferación de la bacteria cutibacterium acnes,
- y por la inflamación que se produce a consecuencia de esta reacción.
Desde el punto de vista de la PNI entendemos que estos factores se descontrolan por dos ejes que están íntimamente conectados.
1. El eje estrés-piel
Cuando vivimos bajo estrés crónico, nuestro sistema nervioso y endocrino liberan constantemente el cortisol, del que hemos hablado en otras ocasiones, como la principal hormona del estrés. Y ello genera a su vez,
- Un gran impacto hormonal. El cortisol puede interactuar con las glándulas sebáceas, elevando su sensibilidad a las hormonas androgénicas y, por tanto, aumentando la producción de sebo.
- Impacto nervioso: La piel está inervada. Bajo estrés, las terminaciones nerviosas cutáneas liberan neuropéptidos (como la sustancia P), que son poderosos causantes de la inflamación y de la proliferación de células. Es el círculo vicioso que las personas que padecen acné por estrés suelen experimentar. «Me estreso, me salen granos, me estreso más».
2. El eje intestino-piel (el origen inmunológico)
El acné es, sobre todo, una respuesta inflamatoria desregulada. Pero ¿dónde reside el 70 o el 80% de nuestro sistema inmune? La respuesta está en el intestino. El estado de nuestra microbiota intestinal (la disbiosis) y la integridad de nuestra pared intestinal (la hiperpermeabilidad o «intestino permeable») son cruciales:
- Un intestino permeable permite que toxinas y compuestos proinflamatorios, como los lipopolisacáridos (LPS), pasen al torrente sanguíneo.
- El sistema inmune detecta estos intrusos y activa una respuesta defensiva sistémica. Esta inflamación de bajo grado circula por el cuerpo y se asienta donde hay predisposición, a menudo en los folículos pilosos, agravando de este modo la respuesta inflamatoria ante la bacteria C. acnes.
La dieta, determinante para el control de la inflamación
En este punto donde hemos explicado todas las causas, llegamos a la parte crucial: la comida que se elige cada día es determinante para activar o mejorar la inflamación, el estrés hormonal y la salud intestinal. Qué comes y te diremos cómo vas a mejorar tu acné.
Los 3 enemigos que avivan el acné
- En primer lugar, los azúcares y carbohidratos refinados. Su consumo dispara la insulina. Los picos constantes de insulina estimulan la producción del factor de crecimiento similar a la insulina 1 (IGF-1). Este IGF-1 actúa directamente sobre la piel. Aumenta el tamaño de las glándulas sebáceas y la producción de sebo, a la vez que promueve la queratinización (obstrucción del poro).
- Lácteos (especialmente desnatados): Al igual que el azúcar, los lácteos contienen componentes (hormonas y aminoácidos) que elevan significativamente el IGF-1, ejerciendo el mismo efecto androgénico y sebáceo-estimulante mencionado anteriormente.
- Grasas pro-inflamatorias (Omega-6 excesivo): Un desequilibrio entre el Omega-6 (presente en aceites vegetales refinados) y el Omega-3 (presente en pescado azul) inclina la balanza hacia la producción de eicosanoides proinflamatorios, manteniendo activo el sistema inmune.
Los Aliados para mejorar el acné
- Fibra prebiótica: verduras, legumbres y cereales integrales que alimentan a las bacterias buenas del intestino, clave para sellar la pared intestinal y regular el eje intestino-piel.
- Grasas antiinflamatorias (Omega-3): Aceite de oliva virgen extra, pescado azul pequeño, nueces. Ayudan a modular la respuesta inmune y a reducir la inflamación sistémica.
- Alimentos ricos en zinc y vitamina D: Ambos son inmunomoduladores esenciales. El zinc ayuda a regular la producción de sebo y tiene propiedades antibacterianas. La Vitamina D es clave para reducir la inflamación.
La PNI clínica, el camino hacia una piel más sana
Si tu acné es persistente, la solución, además del tratamiento y los productos, requiere de un cambio de enfoque y hábitos pautados por la PNI Clínica que aborde la raíz del problema:
- Un reset nutricional. Es importante eliminar o reducir significativamente los azúcares, los refinados, productos ultraprocesados, y lácteos, priorizando una dieta antiinflamatoria rica en vegetales, proteínas de calidad y grasas saludables.
- Reparación intestinal. Evaluar y tratar la disbiosis o la hiperpermeabilidad intestinal con la ayuda de un profesional, utilizando probióticos específicos, si es necesario.
- Integrar prácticas de gestión del estrés (meditación, ejercicio regular que mejora la circulación sanguínea y la oxigenación de la piel a través de la eliminación de toxinas, terapia de sueño) para reducir la liberación de cortisol y calmar la neuroinflamación.
Llevo más de 20 años trabajando como fisioterapeuta, pero mi ámbito profesional y mi forma de vida dio un giro de 180 grados cuando me convertí en lo que soy actualmente: especialista en Psiconeuroinmunología clínica. Disciplina que me ha brindado la oportunidad de crecer exponencialmente y que llegó a mí de la mano del Dr. Leo Pruimboom, fundador y referente mundial por excelencia de esta disciplina médica. Una nueva vía de intervención que descubrí cuando aún estaba cursando mis estudios universitarios en Fisioterapia, que cambió mi perspectiva y por su puesto la manera de trabajar con los pacientes.
Labor clínica, con la que no dejo de aprender constantemente y disfrutar cada día. Además, al mismo tiempo me permite desarrollar mi segunda actividad y pasión, la de coordinar el Máster en PNIc. Me encanta mantener un nexo de unión continuo con los grandes referentes y docentes, y comprobar cómo los alumnos van adquiriendo una nueva dimensión de conocimiento y formación.
Todo ello no sería posible sin el motor de mi vida, mi pequeña gran familia, (Gonzalo y mis cuatro hijos) y esos momentos de desconexión. Descargo adrenalina jugando al baloncesto, bailando flamenco y no cambio por nada del mundo disfrutar de un buen vino con mis amigos.
