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 Grasa abdominal en la menopausia ¿Por qué se acumula? Nuestra visión desde la PNIc
Grasa abdominal en la menopausia ¿Por qué se acumula? Nuestra visión desde la PNIc

Grasa abdominal en la menopausia ¿Por qué se acumula? Nuestra visión desde la PNIc

Salud 26 noviembre 2025

Acumulación de “Grasa abdominal”. Enfrentarse a este fenómeno tan de moda y del que tanto se habla últimamente es un desafío para una gran mayoría de mujeres, que notan cómo su abdomen va cambiando y se nota sensiblemente más hinchado.

Aparece entre los 40 y 50 años, con el cambio hormonal vinculado a la transición menopausia que es cuando se notan de forma más intensa sus efectos. La grasa abdominal, a menudo conocida como grasa visceral, es uno de los cambios más notorios en la perimenopausia y la menopausia.

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Ambas son etapas de profunda transformación para el cuerpo de la mujer. Pero más allá de la estética, esta transformación, es consecuencia de otras reacciones y reajustes internos, que también inducen a estos cambios, y que si bien en una consulta convencional no nos los van a explicar, es a través de la Psiconeuroinmunología clínica (PNIc) cómo vamos a poder comprenderlos e intervenir de forma integral. Hablamos del estrés, de la fatiga, y de otros desencadenantes que explican de forma científica qué ocurre en estas etapas y por qué se acumula más grasa en el abdomen.

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El triángulo metabólico de la acumulación de grasa en el abdomen

La ciencia ha demostrado que este aumento de la grasa visceral durante la menopausia no es simplemente una cuestión de la edad, sino que está íntimamente ligado a tres pilares clave interconectados,

1. Una caída importante de los estrógenos

La disminución drástica de los niveles de estrógenos (particularmente el estradiol) es un factor hormonal clave para el desencadenante de esta acumulación de grasa en el abdomen. Los estudios indican que esta caída favorece una redistribución de la grasa, moviéndola de las áreas periféricas (caderas y muslos) hacia la zona central del abdomen.

¿Qué ocurre internamente?

  • Que va a existir una menor protección metabólica. Los estrógenos tienen un efecto protector sobre el metabolismo de los lípidos y la sensibilidad a la insulina. Al descender, se altera la capacidad del cuerpo para regular el azúcar en sangre y gestionar las grasas de manera eficiente, lo que propicia su almacenamiento.
  • La enzima aromatasa, es la proteína que cataliza la conversión de andrógenos (hormonas masculinas) en estrógenos (hormonas femeninas). Un proceso interesante es que el tejido graso (adipocitos) contiene la enzima aromatasa, que puede convertir hormonas como la testosterona en estrógeno (estrona). Este mecanismo pretende compensar la caída drástica de estrógenos a través de una mayor conversión de testosterona en estrona, la cual no es tan protectora como el estradiol y puede facilitar la perpetuación de este proceso que dota de funcionalidad a la grasa visceral.

2. Sarcopenia, pérdida de masa muscular

La caída de los estrógenos alrededor de esta fase del ciclo vital, si se presenta junto a ciertos mecanismos de acción como la resistencia a la insulina o la inflamación crónica de bajo grado, puede igualmente comprometer al tejido muscular, facilitando un fenómeno conocido como sarcopenia o pérdida de masa y/o de la funcionalidad de la musculatura. en este contexto se presentan más fácilmente otros fenómenos asociados:

El metabolismo se vuelve más lento. El músculo es nuestro tejido metabólicamente más activo; es el principal «quemador» de calorías. Al perder masa muscular, se reduce la rapidez con la que el cuerpo utiliza la energía (disminuye el metabolismo basal), haciendo que sea más fácil acumular un excedente calórico como grasa.

La resistencia a la insulina: menos músculo se traduce en una peor gestión de la glucosa, lo que puede llevar a la resistencia a la insulina. Esto obliga al páncreas a producir más insulina, una hormona que promueve activamente el almacenamiento de grasa, especialmente la visceral.

3. El aumento de grasa visceral: un riesgo silencioso

La grasa que se acumula en el abdomen no es solo subcutánea (que está bajo la piel), sino también visceral, rodeando órganos internos. Los estudios advierten que este tipo de grasa es metabólicamente activa y mucho más peligrosa.

  • Se produce un estado proinflamatorio. La grasa visceral libera constantemente una serie de sustancias químicas llamadas citoquinas proinflamatorias. Esta inflamación crónica y de bajo grado está en el centro de las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2 y otros trastornos.
  • Ejes psiconeuroendocrinoinmunológicos desregulados. Desde la óptica de la psiconeuroinmunología clínica, esta inflamación constante impacta negativamente en el eje psiconeuroinmunoendocrino. La inflamación altera la función cerebral, el sistema inmune y, básicamente, va a aumentar los niveles de cortisol (la hormona del estrés) que a su vez, también promueve la acumulación de grasa en el área abdominal.

Cómo mantener la grasa a raya desde la PNI clínica

La PNI clínica ofrece un proceso integrador, reconociendo e identificando la alimentación, el ejercicio y el manejo del estrés como herramientas poderosas para modular estos cambios internos.

1. Alimentación inmunomodulatoria y flexible

El objetivo principal es reducir la inflamación y mejorar la sensibilidad a la insulina:

Priorizando proteína de calidad. La proteína es esencial para combatir la sarcopenia. Asegúrate de incluir una fuente de proteína magra en cada comida (pescado, huevos, legumbres y carnes magras).

Grasas saludables. Incorpora grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas (aceite de oliva virgen extra, aguacate, frutos secos, pescado azul). Estas grasas son cruciales para reducir la inflamación y la salud hormonal.

Carbohidratos complejos y fibra: Reduce los azúcares añadidos y los carbohidratos refinados. Hay que dar preferencia a los cereales integrales, las frutas y las verduras. La fibra ayuda a regular los niveles de glucosa y mejora la salud intestinal, vital en la PNIc.

2. Actividad física: el potencial del entrenamiento de fuerza

No todo el ejercicio es igual en la menopausia. La actividad física debe ser un pilar central para revertir la pérdida de masa muscular y mejorar la salud metabólica.

  • Entrenamiento de fuerza. Es el ejercicio más eficaz para combatir la grasa abdominal es el que construye y mantiene el músculo. Dos o tres sesiones semanales de ejercicios de fuerza (con pesas, bandas de resistencia o peso corporal) son esenciales para aumentar la tasa metabólica y mejorar la sensibilidad a la insulina.
  • Actividad aeróbica: complementa con actividad aeróbica moderada (caminata rápida, bicicleta) para la salud cardiovascular y el gasto calórico. Hay evidencia que sugiere que el entrenamiento en intervalos de alta intensidad (HIIT) también puede ser particularmente efectivo para reducir la grasa abdominal.

Conclusiones

La acumulación de grasa abdominal en la menopausia es un proceso complejo y multifactorial, impulsado por la sinergia entre la caída de los estrógenos, la pérdida de músculo y un estado proinflamatorio. Desde la perspectiva de la Psiconeuroinmunología clínica, la solución reside en un enfoque integral holístico que pasa por la alimentación como medicina y el ejercicio de fuerza como protector metabólico, permitiendo que el cuerpo de la mujer encuentre un nuevo y saludable equilibrio en esta etapa de la vida.

Autor

Daniel De la Serna

Llevo más de 20 años dedicado al campo de la salud y de la formación, especializado en el ámbito de la Psiconeuroinmunología clínica.

He tenido la suerte de formarme y entrar a formar parte del equipo del Dr. Leo Pruimboom, la gran referencia internacional en esta disciplina.

Me apasiona mi labor docente, poner al servicio de cientos de alumnos de todo el mundo todo este bagaje y conocimiento para acompañarles en el proceso de formación en esta maravillosa disciplina.

Igualmente disfruto y aprendo de mis pacientes en mi labor clínica diaria.

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