Cada diciembre vuelve la Navidad, época de reencuentros, emociones y sobre todo de abrazos. No vamos a decir que sea obligatorio celebrarla y que para todo el mundo signifique lo mismo, pero sí vamos a decantarnos por la parte más física y emocional de estas fiestas, porque los abrazos y el contacto son dos de las cosas más importantes para el ser humano.
Solemos enfocar nuestra salud en el triángulo de la alimentación, el ejercicio físico y el buen descanso. Sin embargo existe un factor de regulación neuroendocrina mucho más antiguo, primario y determinante para nuestro bienestar y nuestra regulación neuroendocrina: el contacto físico y social. En un mundo tan acelerado donde el individuo da preferencia a otros aspectos, nos hemos olvidado de algo tan básico como el contacto físico.
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La piel, el calor y el contacto: arquitectura biológica del vínculo humano
Está comprobado científicamente que un abrazo, los besos de bienvenida, o una mano reconfortante o de ánimo, no son solo simplemente gestos afectivos; son sofisticados gestos biológicos, donde la PNI clínica ha podido demostrar que el contacto es esencial para la salud actuando desde el punto de vista psiconeuroendocrinológico como un poderoso modulador de nuestro sistema contra el estrés, reforzando la inmunidad y el vínculo social.

La piel: el órgano sensorial y neuroendocrino
La piel, como el órgano sensorial y neuroendocrino más grande del cuerpo, es la primera frontera que marca la línea entre el mundo exterior y el interno, además de ser al mismo tiempo uno de los principales canales de comunicación emocional. A través de su temperatura, de la presión suave y del roce, la piel es una auténtica interfaz neuroendocrina; activa circuitos neuroendocrinos, que son capaces de moldear el vínculo, la confianza y la regulación emocional.
A día de hoy sabemos que tocar, ser tocado, sostener, abrazar o simplemente el reposo piel con piel no es solo una experiencia afectiva, sino un mecanismo biológico que modula sustancias como la oxitocina, la inmunidad, la inflamación, el tono vagal y la arquitectura del estrés.
La piel es, por tanto, un auténtico órgano neuroendocrino que impacta en la forma en que sentimos seguridad, amenaza, conexión o soledad.
El contacto: modulador del vínculo y el estrés
Este entramado biológico contiene un mapa denso de fibras nerviosas sensoriales, destacando las fibras C táctiles (C-Táctil Afferent o CTs). Estas fibras no responden a cualquier estímulo; están especializadas en detectar el tacto afectivo, lento y cálido, el que caracteriza una caricia o un abrazo.
Cuando estas fibras se activan, se desencadenan una serie de señales:
· Transmisión al cerebro: se envían señales al sistema límbico (centro de las emociones) y al núcleo paraventricular del hipotálamo.
· Estos núcleos desencadenan la liberación de oxitocina, tanto en el cerebro como en la circulación, promoviendo sensaciones de conexión y bienestar.
· Al mismo tiempo, se atenúa la actividad de la amígdala -nuestro centro de respuesta al miedo, la amenaza y el estrés- se atenúa de forma notable.
En términos sencillos, el contacto físico es por tanto el lenguaje que utiliza nuestro cuerpo para comunicar: «Te sientes seguro, estás conectado, no estás solo.»
Calor + contacto: el lenguaje biológico de la seguridad
Existe una lógica evolutiva profunda en este mecanismo. Para los mamíferos, el calor corporal junto con la presión suave es una señal ancestral de presencia y cuidado protector. No es casualidad que las reuniones de invierno y la calidez del hogar intensifiquen esta necesidad.
- En primer lugar hay que afirmar que el calor corporal es cuantificable y determinante para la salud. ¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuándo recibimos contacto cálido?
- Se produce una reducción del cortisol. La respuesta inicial es una disminución del cortisol, la principal hormona del estrés.
Impacto vagal e inmune: El aumento de oxitocina, a su vez, ejerce un efecto parasimpático:
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- Incrementa el tono vagal (regulando las funciones involuntarias del sistema nervioso, promoviendo la calma).
- Reduce la inflamación sistémica, apoyando la inmunidad.
- Mejora la variabilidad cardiaca (un marcador clave de la salud cardiovascular y la flexibilidad del sistema nervioso).
- Favorece la reparación tisular.
El ejemplo más claro de este acto es la práctica del piel con piel en neonatos. Está demostrado que este contacto reduce las infecciones, estabiliza la temperatura, mejora el sueño y fortalece la vinculación madre-bebé, demostrando que el calor y el contacto organizan literalmente nuestra biología del vínculo.
Conclusión: abrazar es neurobiología
En estas fechas de reencuentro, recordemos que el abrazo va más allá del mero afecto social. Es una intervención directa y primaria en nuestra regulación neuroendocrina, un pilar de la salud tan importante como cualquier nutriente o la hora del sueño.
Aprovecha la Navidad para activar tu circuito de oxitocina, reducir el cortisol y fortalecer vínculos. El contacto es una necesidad biológica y social.
Fuentes:
· Olausson, H., et al. (2010). The neurophysiology of unmyelinated tactile afferents. Nature Reviews Neuroscience, 11(1), 52–62.
· Uvnäs-Moberg, K., et al. (2015). Oxytocin: A mediator of anti-stress, wellbeing, social interaction and health. Psychoneuroendocrinology, 38(4), 356–365.
· Feldman, R. (2012). Oxytocin and social affiliation in humans. Hormones and Behavior, 61(3), 380–391.
· Ferber, S. G., et al. (2008). Skin-to-skin contact (Kangaroo Care) reduces pain responses in preterm infants. Pediatrics, 122(3), e429–e437.
Llevo más de 20 años trabajando como fisioterapeuta, pero mi ámbito profesional y mi forma de vida dio un giro de 180 grados cuando me convertí en lo que soy actualmente: especialista en Psiconeuroinmunología clínica. Disciplina que me ha brindado la oportunidad de crecer exponencialmente y que llegó a mí de la mano del Dr. Leo Pruimboom, fundador y referente mundial por excelencia de esta disciplina médica. Una nueva vía de intervención que descubrí cuando aún estaba cursando mis estudios universitarios en Fisioterapia, que cambió mi perspectiva y por su puesto la manera de trabajar con los pacientes.
Labor clínica, con la que no dejo de aprender constantemente y disfrutar cada día. Además, al mismo tiempo me permite desarrollar mi segunda actividad y pasión, la de coordinar el Máster en PNIc. Me encanta mantener un nexo de unión continuo con los grandes referentes y docentes, y comprobar cómo los alumnos van adquiriendo una nueva dimensión de conocimiento y formación.
Todo ello no sería posible sin el motor de mi vida, mi pequeña gran familia, (Gonzalo y mis cuatro hijos) y esos momentos de desconexión. Descargo adrenalina jugando al baloncesto, bailando flamenco y no cambio por nada del mundo disfrutar de un buen vino con mis amigos.
