Siempre estoy cansado, hoy no me puedo levantar o me duele todo el cuerpo. Todos estos síntomas son muy frecuentes en nuestra población. En realidad resulta complicado cuantificar con exactitud la prevalencia del síndrome de fatiga crónica, pero se estima que puede llegar a afectar a nada menos que el 1% de nuestra población mundial.
Un porcentaje elevado que no debemos pensar que únicamente se ceba con la población adulta. Curiosamente se detecta en todos los rangos de edad, incluyendo a unos 17 millones de niños y adolescentes, y siendo 3,2 veces más frecuente en mujeres.
A día de hoy no se ha registrado un diagnóstico universal ni prueba específica, ni siquiera existe un tratamiento aprobado por la FDA (Food and Drug Association) o EFSA (European Food Safety Authority), que determine el síndrome de fatiga crónica.
De ahí que llegar hasta su origen a veces sea complicado. Una valoración médica en firme puede resultar confusa, dispersa o complicada, donde muchas veces puede hasta llegar a confundirse con otras patologías, aunque es cierto que cada vez se detectan más rasgos comunes que ayudan al resultado.
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El síndrome de fatiga crónica (SFC), una enfermedad sin diagnóstico universal
El síndrome de fatiga crónica (SFC) es una enfermedad que a largo plazo afecta a numerosas partes del organismo. Se trata de una patología incapacitante que no permite llevar a cabo una actividad y rendimiento normal en el día a día.

Genera niveles muy elevados de desadaptación en adultos y un empobrecimiento del rendimiento escolar importante durante la adolescencia.
Sus síntomas más evidentes son la fatiga persistente y prolongada 6 meses o más, donde,
- No se registra mejora del descanso.
- El paciente empeora ante el más mínimo esfuerzo físico o mental.
- Al menos se asocian cuatro de los siguiente síntomas al mismo tiempo como, problemas con la concentración y la memoria reciente, dolor de garganta, ganglios linfáticos sensibles, dolor muscular, dolor articular en ausencia de inflamación, dolores de cabeza, sueño no reparador y un malestar post esfuerzo superior a 24h.
Propensión y tendencia a su desarrollo
Más allá de una cierta susceptibilidad individual, para que se presente el síndrome de fatiga crónica es necesario que se den 2 condiciones de influencia directa sobre el cerebro y el sistema inmunitario como requisitos para desarrollarlo.
- En primer lugar hablamos del estrés de naturaleza psicosocial sostenido en el tiempo. ¿Esto qué quiere decir? Que hayan sucedido o se hayan experimentado derrotas sociales, el componente soledad, la pobreza, discriminaciones de cualquier tipo, etc.
- Por otro lado existen infecciones de repetición mediadas principalmente por patógenos intracelulares que son bastante proclives a desencadenar el SFC. Es el caso de Epstein Barr, Citomegalovirus, herpes virus 6A-6B, enterovirus, parvovirus.
¿Qué sucede en nuestro interior con el síndrome de fatiga crónica?
Estas dos condiciones que acabamos de mencionar, pueden darse al mismo tiempo, y se conectan con uno de los rasgos característicos de esta enfermedad que es la neuroinflamación.
Es decir, en este caso nuestro sistema registra una condición sostenida por las células microgliales que se polarizan proinflamatoriamente y que pueden afectar tanto a la regiones subcorticales y límbicas (amígdala, hipocampo y tálamo) que son responsables del estado de ánimo, de las emociones y de la interocepción como a áreas prefrontales responsables de regular la conducta social y la conexión con el entorno.
Una vez se cronifica esta respuesta inflamatoria, son numerosos los mecanismos que se alteran tanto a nivel central como periférico.
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Llevo más de 20 años dedicado al campo de la salud y de la formación, especializado en el ámbito de la Psiconeuroinmunología clínica.
He tenido la suerte de formarme y entrar a formar parte del equipo del Dr. Leo Pruimboom, la gran referencia internacional en esta disciplina.
Me apasiona mi labor docente, poner al servicio de cientos de alumnos de todo el mundo todo este bagaje y conocimiento para acompañarles en el proceso de formación en esta maravillosa disciplina.
Igualmente disfruto y aprendo de mis pacientes en mi labor clínica diaria.
