Además del cardio que nos hace cansarnos y nos ayuda a quemar calorías, en los últimos años se ha demostrado que cualquier planning de entrenamiento debe complementarse con ejercicio de fuerza y funcional. Hace unas décadas pensábamos que movernos era lo que nos hacía perder peso de forma rápida y eficaz.
Sin embargo, tanto los profesionales de la salud, como nSumerosos estudios de investigación, evidencian que el entrenamiento de fuerza nos hace ganar masa muscular, prolonga los beneficios durante más horas, y por tanto a largo plazo es más efectivo. Levantar pesas y practicar ejercicios funcionales debe convertirse en un hábito, y tener un cuerpo fuerte y tonificado sin grasa, nos ayudará a mantenernos en buen estado físico y a sentirnos mejor durante la longevidad.
El ejercicio para adelgazar de forma rápida o la operación bikini express están pasando a un segundo plano, en pro del entrenamiento de fuerza, capaz de conectar y hacernos sentir mejor a todos los niveles.
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Un proceso que debe progresivo, y que aunque suponga mayor esfuerzo, sobre todo al principio, debe ir seguido de un aprendizaje que requiere de ayuda técnica para evitar lesiones.
Hoy hablamos de los métodos de entrenamiento para ganar músculo que generan adicción. Nos referimos al slow motion, slow training, el entrenamiento lento y su perspectiva desde la PNI clínica.
¿En qué consiste el Slow training?
El slow training es un método que fundamentalmente consiste en realizar los ejercicios despacio y de forma controlada; con el movimiento lento el músculo se contrae (acción concéntrica) y se contrae (acción excéntrica), interviniendo la mente, que va a ser la encargada de controlar este proceso de forma muy lenta.

Beneficios del entrenamiento lento
Los beneficios del entrenamiento lento para la salud muscular están avalados por múltiples investigaciones.
1. Beneficios múltiples
Entre otros, mejora la fuerza, la hipertrofia, la masa muscular, la resistencia, la cantidad de masa muscular, la resistencia, la flexibilidad, la postura, el tono, el balance de los músculos espinales, y con el paso del tiempo alivia el dolor muscular, entre otras bondades.
2. Igual de efectivo que los entrenamientos más intensos y rápidos
Según Amaloha Casanova, experta en PNI clínica y profesora del Máster en Psiconeuroinmunología Clínica, existen datos en metaanálisis que apuntan a que empleando la misma resistencia del peso del cuerpo en varios intervalos de tiempo, el slow training es tan efectivo o más que los entrenamientos rápidos.
Los intervalos lentos parecen ser más eficientes para hipertrofiar en miembros inferiores y un poco más rápidos para hipertrofiar miembros superiores
3. Mejora la eficiencia energética
Además de por su elevado efecto muscular, las respuestas fisiológicas como el gasto de energía (EE), el índice de intercambio respiratorio (RER) y los niveles de lactato sanguíneo (La), el slow training comparado con ejercicio aeróbico (calculado en igual intensidad en una cinta de correr) genera una mayor recuperación energética.
El nivel de lactato en esta prueba durante la recuperación y tras la práctica del ejercicio es bastante elevado.
4. La capacidad de respuesta hormonal
Con la práctica del entrenamiento lento, también se pueden observar cambios significativos en las respuestas hormonales. Concretamente, los niveles de lactato, la creatina fosfoquinasa y la testosterona son mayores tras el slow motion.
Los niveles de cortisol tras el ejercicio disminuyen y el aumento del tiempo excéntrico bajo tensión es realmente eficaz, ya que aumenta las respuestas hormonales agudas tras el ejercicio.
El slow training eleva los niveles de lactato
Para entender los amplios beneficios que produce el ejercicio lento respecto a otra práctica, es importante tener en cuenta que el slow training eleva significativamente los niveles de lactato.
El lactato es un metabolito capaz de remodelar la conducta energética en todos los mamíferos.
Se trata de un importante combustible mitocondrial que si bien se pensaba hace tiempo que era un desecho del metabolismo con escaso nivel de oxígeno/anaeróbico, ahora se sabe con certeza que se forma también con oxígeno.
Cuando este lactato se transporta entre las células, se convierte en una fuente de energía como precursor gluconeogénico principal, y es una molécula de señalización epigenética, que induce a grandes cambios moleculares que se traducen en cambios de la expresión de múltiples genes.
Por tanto, los niveles elevados de esta hormona conceden muchísima energía a todas las células del cuerpo, aportando eficiencia a la salud mitocondrial, un claro indicador de eficiencia en la producción energética, y por tanto para la salud muscular.
Entre otros beneficios, es una fuente de energía y hasta la favorita también para órganos como el corazón o el cerebro, extendiéndose a otros como el hígado, los riñones, el pulmón, los espermatozoides, etc.
Estudios más recientes también constatan cómo el ejercicio y el lactato están implicados en la expresión de un amplio grupo de proteínas relacionadas con la biogénesis mitocondrial.
Pensemos por ejemplo en la práctica de Tai Chi, cuyos beneficios mejoran síndromes tan comunes en la sociedad actual como la fibromialgia, o el síndrome de fatiga crónica o la encefalitis miálgica.
El entrenamiento lento y sus beneficios para la salud cerebral
Además, por otra parte, hay que tener en cuenta que las neuronas poseen los componentes celulares necesarios para la absorción y el uso de la glucosa por un transbordador intracelular de lactato.
El ejercicio como este elemento puede iniciar la secreción del factor neurotrófico, derivado del cerebro que facilita la neurogénesis, neuroprotección, la neurorregeneración, la plasticidad sináptica y la memoria.
Con ello y para concluir, el slow motion o la práctica del movimiento lento, de patrones posturales y de equilibrio, es ampliamente beneficioso para mejorar e incluso prevenir enfermedades neurodegenerativas, neurológicas, neuroinflamatorias, o cognitivas.
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Llevo más de 20 años trabajando como fisioterapeuta, pero mi ámbito profesional y mi forma de vida dio un giro de 180 grados cuando me convertí en lo que soy actualmente: especialista en Psiconeuroinmunología clínica. Disciplina que me ha brindado la oportunidad de crecer exponencialmente y que llegó a mí de la mano del Dr. Leo Pruimboom, fundador y referente mundial por excelencia de esta disciplina médica. Una nueva vía de intervención que descubrí cuando aún estaba cursando mis estudios universitarios en Fisioterapia, que cambió mi perspectiva y por su puesto la manera de trabajar con los pacientes.
Labor clínica, con la que no dejo de aprender constantemente y disfrutar cada día. Además, al mismo tiempo me permite desarrollar mi segunda actividad y pasión, la de coordinar el Máster en PNIc. Me encanta mantener un nexo de unión continuo con los grandes referentes y docentes, y comprobar cómo los alumnos van adquiriendo una nueva dimensión de conocimiento y formación.
Todo ello no sería posible sin el motor de mi vida, mi pequeña gran familia, (Gonzalo y mis cuatro hijos) y esos momentos de desconexión. Descargo adrenalina jugando al baloncesto, bailando flamenco y no cambio por nada del mundo disfrutar de un buen vino con mis amigos.
