Que el orden de los factores no altera el producto es una regla universal matemática. Sin embargo, en psiconeuroinmunología clínica (PNI), esta máxima no es aplicable, ya que puede alterar el metabolismo, y al final, la salud. La forma en la que secuenciamos o ingerimos cada uno de los alimentos es una misma ingesta, no solo tiene influencia a la hora de hacer la digestión, sino que puede tener implicaciones sobre la regulación de la glucosa, la producción de la insulina o la saciedad.
Si queremos mejorar la salud de los pacientes, debemos entender que no solo es importante lo que se come, sino cuándo se ingiere, como en el caso de la crononutrición, y esta vez vamos a ver en qué orden es importante comer los alimentos en cada ingesta, para sacar el máximo beneficio.
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¿Por qué el orden de los alimentos es importante en PNI?
Desde la perspectiva de la psiconeuroinmunología, el cuerpo funciona como un todo integrado, donde el sistema endocrino, inmune y el digestivo permanecen constantemente conectados. Cuando ingerimos alimentos, especialmente carbohidratos de carga glucémica alta de forma aislada o al principio de cada comida, provocamos un «pico» de glucosa en sangre.
Este pico puede arrastrar una mayor producción de insulina. Si este patrón se repite, entramos en un estado de hiperinsulinemia compensatoria, que es el caldo de cultivo para algunas patologías como la inflamación de bajo grado, el cansancio posprandial tras las comidas (sensación de saciedad o pesadez) y la resistencia a la insulina.

¿Qué ocurre en tu organismo si no sigues este orden?
Cuando ingerimos carbohidratos o azúcares al principio de cada comida (o de forma aislada), el cuerpo se enfrenta a lo que en PNI clínica conocemos como estrés posprandial. Al no tener presencia de fibra o grasa que ralentice el proceso, los azúcares pasan rápidamente del estómago al intestino y, de ahí, al torrente sanguíneo. Todo esto hace que se produzcan una serie de fenómenos, como:
1. Una subida repentina de la glucosa que provoca cierto estrés mitocondrial
Este aumento repentino de azúcar en sangre obliga a las mitocondrias (las centrales energéticas de nuestras células) a procesar una cantidad importante de combustible de una vez. Al verse desbordadas, las mitocondrias empiezan a liberar especies reactivas de oxígeno (EROS) conocidas como “radicales libres”.
Este exceso de radicales libres daña las estructuras celulares, primer paso hacia el envejecimiento prematuro y la disfunción metabólica.
2. La cascada de la insulina e inflamación
Para compensar el pico de glucosa, el páncreas libera una mayor dosis de insulina, que es una hormona necesaria, pero en niveles elevados es proinflamatoria. La insulina crónicamente elevada puede alterar algunos mecanismos vinculados a la síntesis de ácidos grasos poliinsaturados como los omega-6 o algunos omega-3. Esto mantiene al sistema inmune crónicamente activo, generando esa inflamación de bajo grado que está detrás de las patologías autoinmunes, el dolor crónico y la niebla mental.
3. Glicación y daño en los tejidos
Cuando hay mucha glucosa circulante, esta se «adhiere» de forma espontánea a las proteínas y grasas de nuestro cuerpo en un proceso de glicación. Ello genera los llamados AGEs (productos finales de glicación avanzada). Los AGEs, es decir, las uniones de azúcares a proteínas, se detectan por el sistema inmune como cuerpos extraños, lo que activa a los macrófagos para que liberen citoquinas inflamatorias (como la IL-6 o el TNF-alfa), cronificando el estado inflamatorio.
4. La alteración de la barrera intestinal
Sin el orden correcto, el exceso de azúcar libre llega hasta las zonas del intestino donde no debería estar en tal concentración. Esto altera el equilibrio de la microbiota, favoreciendo el crecimiento de bacterias que liberan LPS (lipopolisacáridos), que pueden atravesar la barrera intestinal y pasar a la sangre, lo que dispara una respuesta inflamatoria sistémica inmediata.
El orden de ingesta como medida paliativa
En psiconeuroinmunología clínica tratamos de explicar cómo reducir estos picos de tal manera que el sistema sea capaz de recuperar su equilibrio.
Si te está resultando interesante este contenido, no dejes de leer próximamente la segunda parte, en la que hablaremos de cómo un orden y secuenciación de ingesta de determinados alimentos en cada comida puede ayudar a evitar determinados cuadros inflamatorios.
Llevo más de 20 años dedicado al campo de la salud y de la formación, especializado en el ámbito de la Psiconeuroinmunología clínica.
He tenido la suerte de formarme y entrar a formar parte del equipo del Dr. Leo Pruimboom, la gran referencia internacional en esta disciplina.
Me apasiona mi labor docente, poner al servicio de cientos de alumnos de todo el mundo todo este bagaje y conocimiento para acompañarles en el proceso de formación en esta maravillosa disciplina.
Igualmente disfruto y aprendo de mis pacientes en mi labor clínica diaria.
