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 Latigazo cervical y estrés postraumático: qué ocurre según la PNI clínica (I)
Latigazo cervical y estrés postraumático: qué ocurre según la PNI clínica (I)

Latigazo cervical y estrés postraumático: qué ocurre según la PNI clínica (I)

Dolencias 1 julio 2026

El latigazo cervical, también conocido como cervicalgia postraumática, es la tensión que se genera en los músculos del cuello y de la zona cervical. Se suele producir por el impacto repentino a consecuencia generalmente de un accidente de coche, donde el cuello se sacude de forma brusca, y los médicos detectan un esguince cervical.

Para la cura se suelen prescribir analgésicos, reposo y rehabilitación durante unas semanas. En la medicina tradicional, el abordaje de la cervicalgia postraumática suele quedarse en la superficie, mediante el tratamiento del músculo y la vértebra.

Sin embargo, es muy frecuente que la lesión se prolongue meses, o incluso años, porque, aunque aparentemente la lesión se ha curado, el dolor sigue ahí. Es persistente, incapacitante, y se acompaña de otros síntomas como la fatiga, la irritabilidad o con problemas para conciliar el sueño.

Cuando el dolor se cronifica, la explicación raras veces se encuentra únicamente en los tejidos del cuello. En este contenido vamos a intentar explicar por qué precisamente persiste, y la conexión entre el estrés postraumático y el sistema inmune desde la psiconeuroinmunología clínica.

kPara entender por qué el cuerpo no se recupera, es necesario cambiar el foco y observar al organismo como un todo interconectado. Es aquí donde la psiconeuroinmunología clínica ofrece las respuestas que la medicina convencional pasa por alto, desvelando la íntima conexión que existe entre el trauma físico, el Síndrome de Estrés Postraumático (TEPT) y el sistema inmunitario.

latigazo cervical pni

¿Por qué el latigazo cervical no suele curar solo? Más allá de la lesión

El latigazo cervical produce el estiramiento forzado de los ligamentos, la tensión de la musculatura paravertebral, o el sufrimiento de los discos intervertebrales.

Aunque este daño estructural existe en una primera fase, la cronificación del proceso responde a variables mucho más complejas. Con un accidente de tráfico o una caída severa, además de ser un suceso mecánico, es ante todo un fuerte impacto emocional.

En el momento en que se produce el choque, el cerebro procesa una amenaza real e inminente contra la vida o la integridad. El impacto físico coincide en el tiempo con un pico máximo de shock psicológico.

Desde la perspectiva de la PNI clínica el gran error terapéutico es intentar tratar el cuello separándolo de la vivencia traumática. Como señalan investigaciones publicadas en revistas de impacto médico como Cuadernos de Medicina Forense de Scielo (Scientific Electronic Library Online), factores como la ansiedad por el futuro laboral, litigios de carácter legal, el miedo al dolor e incluso ciertos rasgos de la personalidad previos al accidente (como la tendencia a entrar en bucle mental o el neuroticismo con menor sinceridad), alteran por completo el tiempo en la curación física.

Cuando el impacto emocional es muy elevado y el sistema nervioso es incapaz de procesarlo, se puede generar un Síndrome de Estrés Postraumático.

Este estado altera los mecanismos cerebrales que modulan el dolor. El problema pasa de ser una zona dañada puntualmente en el cuello, para convertirse y cronificarse como un sistema de alarma y de aviso que se queda en alerta durante un largo periodo de tiempo.

Para resolver este escenario, una consulta de PNI no se limita a poner un parche sintomático, sino que investiga cómo restablecer la comunicación rota entre tu sistema nervioso, hormonal y el sistema inmune.

¿Qué ocurre en nuestro sistema? El desencadenante del dolor

Cuando el dolor de un latigazo cervical se prolonga más de tres meses, el origen de la lesión estructural en los tejidos del cuello va más allá.

Lo que el paciente experimenta es un lapsus en la comunicación entre el sistema nervioso, el endocrino y el inmunitario.

El accidente que desencadena el cuadro de estrés postraumático, provoca una alteración en el organismo a través de tres mecanismos clave:

1. El agotamiento del eje HPA y el déficit de cortisol

Inmediatamente después del impacto, el cerebro activa su sistema de alarma: el eje HPA (hipotálamo-hipófisis-adrenal).

Su función principal es liberar cortisol de forma masiva, la conocida «hormona del estrés», pero en el cuerpo cumple un rol protector clave, como el antiinflamatorio natural más potente que poseemos.

El problema de sufrir estrés postraumático es que el cerebro percibe que el peligro no ha terminado (revivir el accidente, hipervigilancia al conducir, etc.), y por ello el sistema sigue bombeando cortisol día y noche de forma sostenida.

Con el paso del tiempo, las glándulas suprarrenales se saturan y el eje se desregula, por este déficit de cortisol.

Al no contar con suficiente cortisol en sangre, el cuerpo pierde su capacidad para apagar la inflamación y el cuello precisamente se convierte en esa zona desprotegida donde la inflamación fisiológica inicial del accidente se perpetúa de forma invisible.

2. Inflamación de bajo grado y la liberación masiva de citoquinas

Al caer los niveles de cortisol, el sistema inmunitario se desboca. Las células de defensa interpretan la falta de hormonas reguladoras y el estado de alerta del sistema nervioso como una señal para seguir batallando.

Comienzan a liberar de forma masiva las proteínas citoquinas proinflamatorias (como la IL-1, la IL-6 o el TNF-alfa).

Estas sustancias viajan por el torrente sanguíneo y se concentran en las zonas que sufrieron el impacto original.

El resultado es una inflamación de bajo grado de origen sistémico. No es una inflamación aguda a simple vista en la zona cervical, pero lo suficientemente constante como para mantener irritados los receptores del dolor (nociceptores) de la columna cervical constantemente.

3. Sensibilización central: el cerebro amplifica el volumen

Esta combinación de alarma nerviosa constante e inflamación por citoquinas altera el funcionamiento de la médula espinal y del cerebro, el fenómeno que en PNI clínica se conoce como síndrome de sensibilización central.

Debemos de imaginar en este caso el dolor como una especie de amplificador de volumen. En condiciones normales, el volumen está en un nivel bajo; si tocamos el cuello, el cerebro recibe una señal leve. Pero si se ha sufrido estrés postraumático, ello provoca que el volumen suba bruscamente al nivel máximo.

Ahora, cualquier estímulo habitual como tener la cabeza erguida trabajando frente al ordenador, que haya un cambio de temperatura, o con el simple roce de la ropa— el cerebro lo interpreta como algo más grave de lo habitual, y el dolor ya no se genera en la propia zona cervical, sino que se origina en un sistema nervioso sobreexcitado.

Si te está resultando útil este contenido no dejes de leer la segunda parte en la que abordaremos algunas de las pautas más frecuentes para su tratamiento y mejora.

Autor

Elena López

Llevo más de 20 años trabajando como fisioterapeuta, pero mi ámbito profesional y mi forma de vida dio un giro de 180 grados cuando me convertí en lo que soy actualmente: especialista en Psiconeuroinmunología clínica. Disciplina que me ha brindado la oportunidad de crecer exponencialmente y que llegó a mí de la mano del Dr. Leo Pruimboom, fundador y referente mundial por excelencia de esta disciplina médica. Una nueva vía de intervención que descubrí cuando aún estaba cursando mis estudios universitarios en Fisioterapia, que cambió mi perspectiva y por su puesto la manera de trabajar con los pacientes.

Labor clínica, con la que no dejo de aprender constantemente y disfrutar cada día. Además, al mismo tiempo me permite desarrollar mi segunda actividad y pasión, la de coordinar el Máster en PNIc. Me encanta mantener un nexo de unión continuo con los grandes referentes y docentes, y comprobar cómo los alumnos van adquiriendo una nueva dimensión de conocimiento y formación.

Todo ello no sería posible sin el motor de mi vida, mi pequeña gran familia, (Gonzalo y mis cuatro hijos) y esos momentos de desconexión. Descargo adrenalina jugando al baloncesto, bailando flamenco y no cambio por nada del mundo disfrutar de un buen vino con mis amigos.

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