Uno de los problemas de salud más frecuentes en España y en el resto del mundo es el colesterol. La voz de alerta está por todas partes. Desde hace unas décadas los medios de comunicación y los anuncios, nos avisaban del peligro de los niveles de colesterol elevados, pero es desde hace menos tiempo, cuando algunas corrientes divulgan justo lo contrario, que las enfermedades cardiovasculares, no proceden tanto del exceso de grasas alimentarias y del colesterol.
Entre una postura y otra, ¿conocemos realmente cómo funciona?, ¿qué niveles son los adecuados?, ¿cuál puede ser el colesterol “bueno” y el “malo”, o cómo controlarlo? De todo esto vamos a hablar en el post de hoy. Porque el colesterol está presente en algunos alimentos de nuestra dieta y debemos controlarlo, pero nadie nos explica en profundidad el funcionamiento de esta hormona clave de nuestro sistema. Vamos con ello.
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¿Qué es el colesterol?
El colesterol es una sustancia similar a la grasa que está presente en las membranas celulares, en las hormonas esteroideas, en las lipoproteínas y en los ácidos biliares. El hígado es el órgano que se encarga de producirlo y también podemos encontrarlo en algunos alimentos como la carne o los lácteos.

Si bien es un elemento fundamental del organismo, unos niveles elevados de colesterol en sangre, el conocido como colesterol malo, nos hacen correr el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y otras patologías graves como el cáncer, la presión arterial elevada, acné, hipotiroidismo, etc.
¿Cómo interpretar unos niveles de colesterol adecuados?
Según las autoridades sanitarias el límite del colesterol está establecido en los 200 mg/dl. La mejor forma de saber si lo tenemos alto, es a través de una analítica, y cuando los datos se pasan y aumentan sin control, es cuando realmente necesitamos atención médica especializada.
La interpretación de los valores de colesterol en una analítica deben llevarse a cabo de una forma global, analizando otras cifras como los parámetros HDL (el colesterol de lipoproteínas de alta densidad o bueno), el LDL (el de lipoproteínas de baja densidad o malo), el VLDL (el de muy baja densidad), los triglicéridos, la glucosa, la insulina o incluso teniendo en cuenta el ácido úrico, y los cocientes entre algunos de estos parámetros.
Además debemos tener en cuenta otros aspectos del paciente como la edad, sus hábitos alimenticios, si es hombre o mujer, cómo vive, su nivel de actividad física o sedentarismo, si fuma, si tiene inflamación de bajo grado, o incluso sus niveles de estrés crónico, si lo tiene.
Todos estos condicionantes nos van a ayudar a realizar un diagnóstico preciso.
¿Cómo diferenciar el colesterol “bueno” del “malo”?
El HDL y el LDL son dos tipos distintos de lipoproteínas, más concretamente una mezcla de grasas (lípidos y proteínas). Los lípidos necesitan unirse a las proteínas para poder tener movilidad en la sangre.
El llamado colesterol HDL o “bueno”, se encarga de transportar el colesterol por todo el cuerpo hasta el hígado, que a su vez se encarga de eliminar el colesterol del organismo.
Por el contrario, el tipo LDL o “malo”, es el que se estanca y se acumula en las arterias, formando las placas en las arterias y provocando la arteriosclerosis. Este es realmente el que debemos evitar llevando a cabo una serie de hábitos saludables.
Cómo mantener a raya el colesterol
La hipercolesterolemia se aborda mediante tratamiento y prevención, a través de la dieta con alimentos bajos en hidratos y azúcares refinados, evitando los procesados y precocinados. Además se ha desmitificado que las grasas no se puedan consumir en estos casos. Al contrario mejoran los niveles cardiovasculares.
Hablamos en este caso de las grasas monoinsaturadas como el aceite de oliva, el aguacate o los frutos secos como las nueces. También el consumo de pescados azules (atún, salmón o las sardinas) ricos en Omega 3, son recomendables, junto a las legumbres, verduras, frutas y antioxidantes presentes en los cítricos, la cebolla y las coles, entre otros.
Llevo más de 20 años trabajando como fisioterapeuta, pero mi ámbito profesional y mi forma de vida dio un giro de 180 grados cuando me convertí en lo que soy actualmente: especialista en Psiconeuroinmunología clínica. Disciplina que me ha brindado la oportunidad de crecer exponencialmente y que llegó a mí de la mano del Dr. Leo Pruimboom, fundador y referente mundial por excelencia de esta disciplina médica. Una nueva vía de intervención que descubrí cuando aún estaba cursando mis estudios universitarios en Fisioterapia, que cambió mi perspectiva y por su puesto la manera de trabajar con los pacientes.
Labor clínica, con la que no dejo de aprender constantemente y disfrutar cada día. Además, al mismo tiempo me permite desarrollar mi segunda actividad y pasión, la de coordinar el Máster en PNIc. Me encanta mantener un nexo de unión continuo con los grandes referentes y docentes, y comprobar cómo los alumnos van adquiriendo una nueva dimensión de conocimiento y formación.
Todo ello no sería posible sin el motor de mi vida, mi pequeña gran familia, (Gonzalo y mis cuatro hijos) y esos momentos de desconexión. Descargo adrenalina jugando al baloncesto, bailando flamenco y no cambio por nada del mundo disfrutar de un buen vino con mis amigos.
