En la primera parte de este contenido dedicado a la glucotoxicidad exploramos cómo un exceso de azúcar y la hiperglucemia sostenida en el tiempo activan algunas rutas inflamatorias (NLRP3, AGE-RAGE, TLR4) reprogramando el sistema inmune hacia un estado de alerta crónica.
La buena noticia es que esta desregulación que sufre el cuerpo no es irreversible, al contrario, puede tener solución con una serie de cambios y hábitos por parte del paciente. Algunos estudios muestran cómo el sistema inmunitario es extraordinariamente plástico y puede volver a un estado de “resolución” cuando el entorno metabólico cambia. Desde la Psiconeuroinmunología (PNI), este proceso de reconexión se aborda además de con dieta y cuidando lo que comemos, con una reorganización integral de nuestro estilo de vida que sea capaz de reentrenar los ejes metabólicos, endocrinos e inmunes.
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La flexibilidad metabólica: el antídoto inflamatorio clave
La capacidad de nuestro organismo para ir alternando de forma eficiente la glucosa y los ácidos grasos como fuente de energía, es decir, la flexibilidad metabólica, es el principal marcador de resiliencia inmunometabólica.

Cuando perdemos esta capacidad (generalmente por un exceso de azúcares rápidos y debido al sedentarismo crónico), las mitocondrias de las células inmunes operan de forma ineficiente, produciendo de este modo más oxidantes y menos energía. Esto es precisamente lo que favorece directamente la inflamación sistémica.
Varios estudios recientes han demostrado que restaurar esta flexibilidad mediante el ejercicio físico regular, con un control de los ritmos circadianos y una restricción intermitente de la ingesta, consigue reducir significativamente la activación del peligroso inflamasoma NLRP3 y mejora la sensibilidad a la insulina. En términos inmunológicos, una célula inmune clave como el macrófago, al recuperar su agilidad energética, puede pasar con mayor facilidad de un fenotipo proinflamatorio (M1) a otro resolutivo (M2), clave para apagar la inflamación.
La vuelta a la homeostasis con el ayuno y los polifenoles
1. Ayuno intermitente y la reeducación del sistema inmune
Los protocolos de alimentación restringida en el tiempo (TRE, por sus siglas en inglés), donde la ingesta se limita a cada 8-10 horas diarias, van más allá de las tendencias o de las modas actuales. Son una poderosa herramienta para nuestro metabolismo. Estos no solo modulan la glucemia y los lípidos, sino que parecen “reeducar” al sistema inmune.
Algunos ensayos controlados han mostrado reducciones de marcadores proinflamatorios como el IL-6, TNF-α y la proteína C reactiva. Aún más interesante es, que se observa un descenso en la activación del inflamasoma junto a un aumento de los linfocitos T reguladores. Estos linfocitos son esenciales por su carácter antiinflamatorio e inmunotolerante. Además, en modelos animales se ha comprobado cómo las pausas de ayuno durante 16 horas inducen a la autofagia inmunitaria, que es un proceso de limpieza celular que elimina mitocondrias disfuncionales y contribuye a la resolución de la inflamación sistémica.
2. Los polifenoles: potentes antiinflamatorios
Los polifenoles (quercetina, el resveratrol, la curcumina o las catequinas del té verde) de los que hemos hablado en más de una ocasión, son fundamentales desde el punto de vista de la PNI clínica. Actúan como potentes moduladores metabólicos e inmunes. Su capacidad para activar enzimas como AMPK y SIRT1 es tan potente, que los convierte en mediadores de la homeostasis mitocondrial y del control inflamatorio.
Por tanto, hacer una dieta rica en pigmentos vegetales (como el cacao puro, la cúrcuma, frutas rojas, brócoli o incluyendo aceite de oliva virgen extra) aporta algo más que antioxidantes. Añade información molecular que enseña al sistema inmune a modularse de forma más eficiente, reduciendo la expresión de NLRP3 y la IL-1β.
Algo imprescindible: cuidar la microbiota y los ritmos circadianos
3. La recuperación de la microbiota intestinal
El intestino es el mayor órgano inmunológico del cuerpo, y su equilibrio depende del combustible que recibe. Cuando reducimos la ingesta de azúcares y priorizamos las fibras fermentables (almidón resistente, inulina), aumentan las bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta (SCFAs), como el butirato.
El butirato además de nutrir las células del colon, actúa como una señal epigenética que puede programar genes antiinflamatorios (Foxp3) y promueve la expansión de los linfocitos T reguladores. Esto cierra el círculo, ya que los SCFAs modulan la permeabilidad intestinal, reducen la inflamación del eje HPA y calman la respuesta inmune en general.
4. Movimiento, luz y ritmo
El músculo esquelético es un órgano neurometabólico crucial. La contracción muscular libera miocinas (como IL-6, IL-10, la irisina) que actúan como citoquinas antiinflamatorias y sensibilizadoras a la insulina. Una reciente revisión de Gleeson et aI. (Nat Rev Immunol, 2023), demuestra cómo el ejercicio regular revierte la disfunción mitocondrial causada por la glucotoxicidad en las células inmunes.
Por otro lado y también determinante, es la exposición matutina a luz natural y el respeto del sueño profundo que va a sincronizar el ritmo circadiano, esencial para reducir el cortisol nocturno (promotor de grasa abdominal) y mejorar la depuración de metabolitos inflamatorios.
En definitiva, como podemos comprobar y desde el punto de vista de la Psiconeuroinmunología Clínica, reducir el consumo de azúcares no es solo una decisión para nuestra alimentación, sino que además es un acto de profunda regulación biológica. Entrenar la flexibilidad metabólica con cada gesto cotidiano —eligiendo alimentos sanos e integrales y no procesados, saliendo a caminar con sol y dormir bien, o hacer pausas de forma consciente— se convierte en un estímulo molecular que recupera y reconcilia nuestra energía, nuestro metabolismo, la inmunidad y en definitiva nuestro bienestar emocional.
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Fuentes:
– Kelly B & O’Neill LAJ. Metabolic reprogramming in immunity and inflammation. Cell Metab. 2020;32(3):415-426.
– Wilkinson MJ et al. Time-restricted eating and immune-metabolic health: emerging clinical evidence. Nat Rev Endocrinol. 2023;19:541-554.
– Rasoulinejad S et al. Polyphenols and inflammation: mechanisms and clinical perspectives. Nutrients. 2022;14(18):3862.
– Liu Y et al. Microbial metabolites shape immune tolerance via Treg induction. Immunity. 2021;54(2):237-251.
– Gleeson M et al. Exercise, myokines and the regulation of inflammation. Nat Rev Immunol. 2023;23(2):81-95.
Llevo más de 20 años dedicado al campo de la salud y de la formación, especializado en el ámbito de la Psiconeuroinmunología clínica.
He tenido la suerte de formarme y entrar a formar parte del equipo del Dr. Leo Pruimboom, la gran referencia internacional en esta disciplina.
Me apasiona mi labor docente, poner al servicio de cientos de alumnos de todo el mundo todo este bagaje y conocimiento para acompañarles en el proceso de formación en esta maravillosa disciplina.
Igualmente disfruto y aprendo de mis pacientes en mi labor clínica diaria.
