Quienes hemos pasado consulta a algún paciente con lupus eritematoso sistémico (LES), nos hemos encontrado más de una vez, que a pesar de cumplir escrupulosamente con el tratamiento con corticoides o biológicos, su recuperación es lenta y físicamente no está al cien por cien. Continúa cansado, con neblina mental o incluso con el miedo a un próximo brote en cualquier momento.
Como profesionales de la salud, somos conscientes de que el lupus eritematoso sistémico (LES) junto a otras enfermedades autoinmunes como el síndrome de Sjögren, el síndrome de Raynaud, o el síndrome antifosfolipídico (SAF) es uno de esos trastornos complicados de tratar. Porque presenta múltiples síntomas y además su manifestación fisiopatológica es confusa.
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Actualmente el LES se engloba en uno de los retos de la medicina moderna. Además que su origen cuenta con un componente genético importante y tiene un carácter autoinmunitario, esta patología también puede aparecer como una respuesta del sistema frente a un entorno en que el cuerpo ya no se reconoce como seguro. Desde la psiconeuroinmunología clínica no es suficiente paliar sus efectos o la inflamación sólo con fármacos, sino que se trata de llegar hasta el origen, regulando el estilo de vida, la microbiota y la carga alostática por estrés crónico, para reducir la frecuencia de los brotes y mejorar la calidad de vida.
¿Qué es el lupus eritematoso sistémico (LES)?
El LES es una enfermedad autoinmune multisistémica y crónica caracterizada por la producción de autoanticuerpos dirigidos contra antígenos nucleares. Digamos que la inmunidad está respondiendo muy posiblemente a estructuras propias que han sufrido cambios estructurales. Lo que le hace único —y complejo— es su enorme capacidad para afectar prácticamente cualquier parte, desde el glomérulo renal, hasta las articulaciones, la microglía cerebral o al sistema nervioso central.

Es sistémico, es decir, puede atacar a cualquier parte del cuerpo o a varios órganos al mismo tiempo, y se manifiesta con brotes de fatiga, dolor articular y lesiones cutáneas, entre otros síntomas.
¿Cómo funciona y por qué aparece?
Los principales mecanismos de acción que fomentan la aparición del lupus son varios:
- Debido a una pérdida de la tolerancia central y periférica: el organismo empieza a producir anticuerpos antinucleares (principalmente ANAs que atacan por error a las células sanas) formando inmunocomplejos que el sistema detecta como peligrosos. Estos se depositan en los tejidos, activando el sistema y provocando daño tisular o lesiones externas.
- Interferón: la evidencia confirma que la sobreexpresión de Interferón tipo I (IFN-I) es el motor que mantiene al sistema inmune en un estado de “alerta roja” continuo, impidiendo de este modo que la inflamación se pueda resolver. Se ha descubierto que la enfermedad puede estar activa incluso en partes que aparentemente no presentan lesiones, algo que cambia la forma de entender esta enfermedad.
- Complejos inmunes en un círculo vicioso: en el lupus se produce lo que se conoce como apoptosis (muerte celular) que no funciona bien porque es defectuosa. Las células mueren, pero los mecanismos de «limpieza» de dichos restos celulares fallan. El material nuclear queda expuesto y el sistema inmune lo detecta como un invasor y la rueda de la autoinmunidad vuelve a girar.
El abordaje del LES desde la PNIc
La reumatología convencional a menudo ignora la conexión entre los diferentes sistemas, pero en la PNI se analizan tres ejes críticos para estos pacientes:
1. El intestino como puerta de entrada
No hay lupus sin una alteración de la barrera intestinal. La disbiosis y la translocación bacteriana mantienen una estimulación constante sobre los receptores TLR (Toll-like receptors), lo que perpetúa la producción de citoquinas proinflamatorias. Si no sanamos el epitelio, el sistema inmune nunca bajará la guardia.
2. Resistencia a los glucocorticoides y el eje HPA
El sistema neuroendocrino y el inmune hablan el mismo idioma. Un eje HPA (hipotálamo-hipófisis-adrenal) agotado por estrés crónico deja al paciente sin cortisol, perdiendo el principal antiinflamatorio natural del cuerpo. Muchos pacientes lúpicos presentan unos niveles de cortisol alterados debido al estrés crónico. El receptor de glucocorticoides al final no atiende a la señal y no escucha, algo que explica por qué el cuerpo pierde su capacidad natural para frenar la inflamación, obligando el uso de corticoides exógenos con sus conocidos efectos secundarios.
3. La disfunción mitocondrial, causante de la fatiga
Algunas personas con lupus tienen los ritmos circadianos alterados, pero además de una falta de sueño, en esta patología se expresa como una deficiencia en la producción de ATP a nivel mitocondrial por estrés oxidativo. En este sentido en PNI clínica se emplean estrategias como la nutrición ortomolecular y el ejercicio de fuerza adaptado para recuperar la actividad celular.
Tratamiento complementario del lupus eritematoso sistémico
Aunque el tratamiento convencional es necesario, sobre todo en las fases agudas del lupus, la PNIc propone una estrategia complementaria mediante:
Nutrición: con vitamina D, Omega-3 de alta pureza y polifenoles, para modular la expresión génica.
Hormesis controlada: a través de ejercicio adaptado y también con cambios térmicos, donde estos pacientes lúpicos pueden mejorar la resiliencia mitocondrial.
Intervención en el estilo de vida: identificación de aquellos posibles riesgos que percibe el organismo (toxinas, alimentos proinflamatorios, o incluso las relaciones tóxicas) para eliminarlos y cambiarlos.
¿Por qué especializarte con PNI España?
El lupus es una de las patologías que evidencia por qué la medicina que trata los casos de forma aislada está empezando a llegar a su fin. El éxito de los tratamientos para estos pacientes y la mayoría de patologías crónicas es tener una visión integral para llegar al fondo y hallar las causas.
El Máster en Psiconeuroinmunología clínica dota de las herramientas prácticas para comprender estos mecanismos moleculares y aplicarlos en consulta desde el primer día.
El cambio hacia una medicina integrativa basada en la evidencia hace que el paciente no solo sobreviva, sino que recupere la calidad de vida.
Llevo más de 20 años dedicado al campo de la salud y de la formación, especializado en el ámbito de la Psiconeuroinmunología clínica.
He tenido la suerte de formarme y entrar a formar parte del equipo del Dr. Leo Pruimboom, la gran referencia internacional en esta disciplina.
Me apasiona mi labor docente, poner al servicio de cientos de alumnos de todo el mundo todo este bagaje y conocimiento para acompañarles en el proceso de formación en esta maravillosa disciplina.
Igualmente disfruto y aprendo de mis pacientes en mi labor clínica diaria.
