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 Adipsia y la falta de sed permanente: ¿qué ocurre cuándo se nos olvida de beber?
Adipsia y la falta de sed permanente: ¿qué ocurre cuándo se nos olvida de beber?

Adipsia y la falta de sed permanente: ¿qué ocurre cuándo se nos olvida de beber?

Salud 22 julio 2026

La sed es uno de los mecanismos innatos del ser humano y su supervivencia. Sin embargo, hay personas que nunca tienen sed y se olvidan de beber y de hidratarse. ¿Qué ocurre cuando se pierde por completo esta señal? Este fenómeno es el que se conoce en el campo de la salud como adipsia (o hipodipsia), un trastorno de carácter neurológico que se caracteriza por una disminución anormal de la sensación de sed continua, y su abordaje suele limitarse a la recomendación de «beber por obligación».

Desde la perspectiva de la psiconeuroinmunología clínica (PNI), que va mucho más allá de los tratamientos tradicionales, se considera que la falta de sed no es un simple despiste conductual, sino la manifestación de una especie de colapso en la comunicación y conexión entre el sistema nervioso, el sistema inmune y el sistema endocrino, donde aun con la presencia de deshidratación, el cerebro no avisa.

¿Qué es la adipsia?

Para entender la adipsia, se debe mirar directamente al hipotálamo anterior. En esta región del cerebro se encuentran los osmorreceptores, que son las neuronas que detectan cambios en la presión osmótica. Miden la concentración de solutos (sodio) en sangre.

En condiciones normales, un incremento mínimo en la concentración de la sangre activa estos receptores, desencadenando una respuesta inmediata: la secreción de la hormona antidiurética (ADH o vasopresina) para que los riñones retengan agua, y con ello que surja la sensación consciente de sed.

Sin embargo, en una persona con adipsia, esta especie de regulador biológico se encuentra inhibido. Por tanto, el organismo podría deshidratarse o sufrir una hipernatremia (exceso de sodio en sangre) en ausencia de sed.

adipsia falta de sed

Causas de la falta de sed desde la PNI clínica

Mientras que determinados campos de la medicina se centran en causas estructurales (como tumores hipofisarios, traumatismos craneoencefálicos o cirugías neurológicas), la psiconeuroinmunología clínica (PNIc) amplía sus líneas de intervención hacia el terreno metabólico e inmunitario.

A partir de aquí, ¿por qué se puede desarrollar una alarmante falta de sed? Básicamente por determinadas causas como,

1. Neuroinflamación de bajo grado e interleucinas

En primer lugar, el hipotálamo carece en ciertas zonas de una barrera hematoencefálica estricta (específicamente en los órganos circunventriculares, donde detecta la osmolaridad, que es una medida indicadora de la concentración total de partículas (solutos en líquido). Esto lo hace muy vulnerable a las citoquinas inflamatorias circulantes (como la IL-6 o el TNF-alfa) derivadas de una inflamación crónica de bajo grado (de origen intestinal o metabólico).

Esta neuroinflamación altera la plasticidad y la sensibilidad de los osmorreceptores, que son los que hacen apagar la señal de la sed.

2. Disfunción del eje HPA y el estrés crónico

El estrés crónico mantiene el eje Hipotálamo-Pituitario-Adrenal (HPA) en una sobreactivación constante. El cortisol elevado a largo plazo altera la homeostasis de los fluidos y la sensibilidad a la vasopresina (hormona que controla el volumen de líquidos corporales y que ayuda a mantener la presión arterial), interfiriendo directamente con los núcleos de control que gestionan los ritmos de hidratación y el apetito.

3. Autoinmunidad oculta

La psiconeuroinmunología clínica pone el foco en los procesos autoinmunes. Existen casos y estudios donde el sistema inmunitario genera anticuerpos dirigidos específicamente contra las células productoras de vasopresina o contra los propios osmorreceptores del hipotálamo, anulando la sensación de sed sin posibles patologías graves a simple vista.

Síntomas de adipsia

Es importante detectar a tiempo o ser conscientes de cuando nos hace falta la ingesta de agua. Si se empieza a notar que no se siente sed durante periodos prolongados, es importante detectar una posible deshidratación. Entre las señales más frecuentes están,

  • la sensación de sequedad en la boca: un indicador de que el cuerpo necesita hidratarse.
  • Orina oscura, es muy común en personas que no beben.
  • Fatiga. Esta falta de hidratación puede ser una señal de sed.
  • Sed inesperada o repentina. Cuando el cuerpo nunca necesita agua, pero de repente siente mucha sed o deshidratación.

Abordaje

Para comprender mejor cómo se clasifica y manifiesta esta alteración, se detallan los patrones más comunes de disfunción de la sed según tipo, comportamiento de la vasopresina (ADH) y cuál puede ser su impacto clínico:

1. Adipsia tipo A

Es la más grave de todas. La vasopresina no responde en absoluto ante posibles estímulos osmóticos y no libera de ninguna manera la hormona antidiurética (ADH). Puede generar un riesgo máximo de deshidratación y gravedad, con riesgo de hipernatremia sin ningún tipo de respuesta defensiva.

2. Adipsia tipo B

En este caso, el riñón concentra ligeramente la orina, pero la sensación de sed sigue apagada. En este caso la vasopresina conserva una secreción mínima.

3. Adipsia funcional

Este tipo es variable, está influenciada por las citoquinas o neurotransmisores. Se asocia a la neuroinflamación difusa, al estrés severo o a posibles desajustes psicosomáticos.

* Cuando un paciente manifiesta que puede estar hasta varios días sin beber agua sin sentirse mal y sin tener sed, el objetivo terapéutico va mucho más allá de las recomendaciones de ingesta de líquido continua con recordatorios. Comenzar por una evaluación del estado de la microbiota intestinal (foco principal de endotoxemia y neuroinflamación) y regular los ritmos circadianos, puede ser determinante para lograr una regulación en la hidratación.

Autor

Elena López

Llevo más de 20 años trabajando como fisioterapeuta, pero mi ámbito profesional y mi forma de vida dio un giro de 180 grados cuando me convertí en lo que soy actualmente: especialista en Psiconeuroinmunología clínica. Disciplina que me ha brindado la oportunidad de crecer exponencialmente y que llegó a mí de la mano del Dr. Leo Pruimboom, fundador y referente mundial por excelencia de esta disciplina médica. Una nueva vía de intervención que descubrí cuando aún estaba cursando mis estudios universitarios en Fisioterapia, que cambió mi perspectiva y por su puesto la manera de trabajar con los pacientes.

Labor clínica, con la que no dejo de aprender constantemente y disfrutar cada día. Además, al mismo tiempo me permite desarrollar mi segunda actividad y pasión, la de coordinar el Máster en PNIc. Me encanta mantener un nexo de unión continuo con los grandes referentes y docentes, y comprobar cómo los alumnos van adquiriendo una nueva dimensión de conocimiento y formación.

Todo ello no sería posible sin el motor de mi vida, mi pequeña gran familia, (Gonzalo y mis cuatro hijos) y esos momentos de desconexión. Descargo adrenalina jugando al baloncesto, bailando flamenco y no cambio por nada del mundo disfrutar de un buen vino con mis amigos.

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