¡Abierto plazo de inscripción para el Máster en PNIc 2024/2027!

Plazas limitadas

 Ansiedad por comer: estrés y circuito de recompensa (I).
Ansiedad por comer: estrés y circuito de recompensa (I)

Ansiedad por comer: estrés y circuito de recompensa (I)

Salud 2 junio 2023

Si preguntamos a nuestros pacientes por qué les resulta complicado resistirse a la galletita con el café, a unas chips o a picar entre horas, la mayoría de ellos va a responder que simplemente les provoca placer y les relaja, y que no pueden evitarlo.

La ansiedad por comer es una de las epidemias del S. XXI, y sin duda no se trata de algo nuevo. El deseo por no parar de ingerir alimentos existe desde el principio de la humanidad, y controlarlo se convierte en todo un desafío para quienes les cuesta resistirse a un bocado a todas horas.

La necesidad y el deseo continuo por comer está íntimamente relacionado con los episodios de estrés y con el llamado circuito de recompensa del que hemos hablado recientemente en algún que otro post. Este sistema es el que se encuentra en nuestro cerebro, refuerza la sensación de bienestar a través de determinadas acciones y conductas placenteras, y que por ello nos produce la necesidad constante de que se repitan, desencadenando así en adicciones.

Y como el resto de adicciones, comer compulsivamente forma parte de esta conexión con el sistema de recompensa.

¿Te gustaría mejorar la salud de tus pacientes y la rentabilidad de tu clínica al mismo tiempo?

Rellena el siguiente formulario y accede totalmente gratis nuestro webinar donde podrás descubrir de la mano de Daniel de la Serna las claves más importantes para mejorar el rendimiento y rentabilidad de tu clínica, favoreciendo la satisfacción de tus pacientes.

Comer compulsivamente, algo primitivo

Desde la existencia de nuestra propia especie, ya había indicios que apuntaban a esta necesidad por comer de forma compulsiva. Durante la evolución, el hombre tenía que ir en busca de alimento y cuando lograba cazar y obtener una pieza sabrosa, aprovechaba y exprimía el momento de devorarla con total placer.

Ansiedad por comer circuito recompensa

El placer es algo ligado a cualquier conducta que favorezca la supervivencia del individuo (comer, beber, defecar, orinar, mantener relaciones sexuales); es una especie de mecanismo evolutivo para fijar aprendizajes que mejoren la supervivencia, y la acción de comer nos ha salvado la vida constantemente, por ello estamos programados para sentir placer al comer.

Este cerebro y actitud primitiva ha ido perdurando en el tiempo y no es algo que haya desaparecido. Al contrario, se sigue manteniendo pero de forma distinta. Ahora contamos con el inconveniente de que vivimos en una sociedad de consumo compulsivo donde la comida y los alimentos apetecibles nos asaltan por todas partes. En los medios, en internet o por la calle, nuestro cerebro va recibiendo cada día pequeñas señales en las que resulta complicado resistirse a comer.

A esta oferta alimentaria al alcance de cualquiera, además hay que sumar que la gestión emocional se ha convertido en todo un desafío para las sociedades desarrolladas, y que los niveles de estrés son altísimos.

Como el cerebro siempre está en modo “on”, el sistema de recompensa, sobre todo para paliar algunas sensaciones como el estrés o el miedo a situaciones incómodas o a un futuro incierto, sustituye ese malestar con sensaciones placenteras como la comida. Una sensación que produce la llamada dopamina, también llamada hormona de la felicidad.

Alostasis o el punto de equilibrio

En todo este caos mental que se genera en quienes sufren ansiedad por la comida, existe luz al final del túnel. La vida básicamente es estrés y necesita de un equilibrio dinámico que restablezca el medio interno frente a un entorno cambiante. Es lo que se conoce como alostasis, que depende en gran medida de factores como el estrés psicosocial, de la alimentación, la adiposidad y la distribución de esta grasa.

Algunos estudios con modelos animales muestran cómo en situaciones de estrés algunos de estos aumentan la ingesta de alimentos, pero la mayoría sorprendentemente sufre el efecto contrario, es decir, come menos. Sin embargo, cuando a estos ratones se les ofrecen alimentos muy apetecibles pero poco sanos como la manteca de cerdo o el azúcar, su deseo se despierta mucho más.

Aplicado este experimento a los seres humanos, se demuestra también cómo el estrés afecta a su conducta alimentaria. Alrededor de un 30% disminuye la ingesta y pierde peso, pero en cambio, una amplia mayoría come más durante un episodio de estrés.

Entonces, ¿por qué tendemos a ingerir alimentos más apetecibles y calóricos cuando estamos estresados? Esta conexión tan interesante la explicaremos con detalle en la segunda parte de un nuevo post sobre la conexión entre los episodios de estrés y la necesidad de una ingesta compulsiva, especialmente de alimentos extra dulces y salados.

Referencias:

  • Adam, T. C., & Epel, E. S. (2007). Stress, eating and the reward system. Physiology & behavior, 91(4), 449-458.
  • McEwen, B. S., & Stellar, E. (1993). Stress and the individual: Mechanisms leading to disease. Archives of internal medicine, 153(18), 2093-2101.
  • Gluck, M. E. (2006). Stress response and binge eating disorder. Appetite, 46(1), 26-30.

Autor

Elena López

Llevo más de 20 años trabajando como fisioterapeuta, pero mi ámbito profesional y mi forma de vida dio un giro de 180 grados cuando me convertí en lo que soy actualmente: especialista en Psiconeuroinmunología clínica. Disciplina que me ha brindado la oportunidad de crecer exponencialmente y que llegó a mí de la mano del Dr. Leo Pruimboom, fundador y referente mundial por excelencia de esta disciplina médica. Una nueva vía de intervención que descubrí cuando aún estaba cursando mis estudios universitarios en Fisioterapia, que cambió mi perspectiva y por su puesto la manera de trabajar con los pacientes.

Labor clínica, con la que no dejo de aprender constantemente y disfrutar cada día. Además, al mismo tiempo me permite desarrollar mi segunda actividad y pasión, la de coordinar el Máster en PNIc. Me encanta mantener un nexo de unión continuo con los grandes referentes y docentes, y comprobar cómo los alumnos van adquiriendo una nueva dimensión de conocimiento y formación.

Todo ello no sería posible sin el motor de mi vida, mi pequeña gran familia, (Gonzalo y mis cuatro hijos) y esos momentos de desconexión. Descargo adrenalina jugando al baloncesto, bailando flamenco y no cambio por nada del mundo disfrutar de un buen vino con mis amigos.

Conoce nuestro Máster

Da un impulso a tu carrera

¿Te gustaría formarte en el único máster de psiconeuroinmunología clínica que cuenta con acreditación oficial universitaria? Solicita más información ahora, ¡las plazas son limitadas!

¿Hablamos por WhatsApp?