Cansancio, fatiga, sueño, desmotivación, inapetencia, cambios de humor, y un amplio etcétera de síntomas engloban la conocida astenia primaveral. Según se da la bienvenida al buen tiempo, la publicidad de medicamentos que empiezan por “asten”, “supra”, “complex”, junto a otros suplementos como la jalea real, el ginseng o las vitaminas se multiplican.
Hace unos años esta sintomatología no daba la cara, pero con el cambio climático, cada año comienza la primavera más pronto. Pasamos del invierno al verano en cuestión de horas; suben las temperaturas entre 10 y 12 grados y la floración se altera de forma desmesurada. Este cambio repentino afecta de forma agresiva e inesperada a la mayor parte de la población, causando una serie de efectos pasajeros, más evidentes en unos humanos que en otros.
Digamos que no se trata de nada grave y que tampoco es una enfermedad, simplemente que quienes la padecen necesitan un poco de tiempo (entre 15 y 20 días) para ir adaptando el sistema inmunitario, neurológico y endocrino a esta nueva situación.
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La psiconeuroinmunología clínica que trata todos los procesos de forma global no ha dejado fuera de su ámbito estas sintomatologías transitorias. Veamos en qué consiste, cómo afecta y qué tipo de tratamientos, así como alimentos, suplementos y hábitos, son los más idóneos y se recomiendan para la astenia primaveral.
Astenia primaveral es igual a cansancio continuo
La astenia primaveral, que produce un notable descenso de los niveles de energía, no sólo es un estado temporal de fatiga, sino que va más allá y se manifiesta del modo en que los cambios estacionales afectan al sistema inmune, al cerebro y al sistema endocrino. Los síntomas aparecen como resultado de la adaptación del cuerpo a un nuevo ciclo de luz solar y a los cambios de ritmo biológicos.

Este aumento de luz puede alterar la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño y que desajusta los ciclos circadianos. Además, el cambio de estación puede estimular una respuesta inflamatoria leve de forma temporal, que se manifiesta en forma de fatiga y malestar general, aumentando la vulnerabilidad de infecciones, un desequilibrio hormonal que puede afectar desde el estado de ánimo hasta el metabolismo.
El apoyo de la prevención: alimentación y hábitos saludables
Desde la PNI el tratamiento de astenia primaveral se debe enfocar con el restablecimiento del equilibrio interno, fortaleciendo la capacidad corporal para adaptarla a estos nuevos cambios, que pasan por,
1. La ingesta de alimentos para prevenir y combatir la astenia
Incorporando e incrementando en nuestra dieta las frutas y verduras frescas con cantidades importantes de vitamina C como el kiwi. Los triptófanos del plátano que son antidepresivos, las verduras de color verde, determinadas especias o hierbas como el tomillo y la albahaca, y algunos alimentos fermentados nos van a ayudar a mejorar el bienestar de nuestra salud intestinal. Los ácidos grasos Omega-3 también son los grandes aliados para controlar la respuesta inflamatoria.
2. Suplementos para la astenia primaveral
Con la exposición moderada al sol, nuestro propio cuerpo produce la vitamina D, que es el principal suplemento para pasar la astenia primaveral de forma más leve. También se recomiendan algunos probióticos que ayuden a regular la inmunidad de mucosas a través de la producción de IL-10, y los adaptógenos como el ginseng son clave para ayudar a mejorar la resistencia al estrés y el mantenimiento del equilibrio energético.
3. Actividad física al aire libre
Andar y practicar deporte al aire libre es un gran estímulo para el organismo, siempre y cuando la alergia nos lo permita, que no siempre es posible.
4. El descanso y las rutinas de sueño
Es importante mantener una rutina de sueño regular con el objetivo de ir normalizando los ritmos circadianos y mejorar la calidad del sueño.
En definitiva, es importante anticiparse al momento para prevenir los síntomas y fortalecer el sistema de cara a futuros cambios estacionales.
Llevo más de 20 años trabajando como fisioterapeuta, pero mi ámbito profesional y mi forma de vida dio un giro de 180 grados cuando me convertí en lo que soy actualmente: especialista en Psiconeuroinmunología clínica. Disciplina que me ha brindado la oportunidad de crecer exponencialmente y que llegó a mí de la mano del Dr. Leo Pruimboom, fundador y referente mundial por excelencia de esta disciplina médica. Una nueva vía de intervención que descubrí cuando aún estaba cursando mis estudios universitarios en Fisioterapia, que cambió mi perspectiva y por su puesto la manera de trabajar con los pacientes.
Labor clínica, con la que no dejo de aprender constantemente y disfrutar cada día. Además, al mismo tiempo me permite desarrollar mi segunda actividad y pasión, la de coordinar el Máster en PNIc. Me encanta mantener un nexo de unión continuo con los grandes referentes y docentes, y comprobar cómo los alumnos van adquiriendo una nueva dimensión de conocimiento y formación.
Todo ello no sería posible sin el motor de mi vida, mi pequeña gran familia, (Gonzalo y mis cuatro hijos) y esos momentos de desconexión. Descargo adrenalina jugando al baloncesto, bailando flamenco y no cambio por nada del mundo disfrutar de un buen vino con mis amigos.
