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 Estrés, taquicardias e infartos ¿Qué relación tienen? Una perspectiva desde la PNI clínica
Estrés, taquicardias e infartos ¿Qué relación tienen? Una perspectiva desde la PNI clínica

Estrés, taquicardias e infartos ¿Qué relación tienen? Una perspectiva desde la PNI clínica

Salud 1 abril 2026

El estrés forma parte de nuestro día a día. El ritmo de vida, las responsabilidades y las presiones diarias por acontecimientos externos o relaciones internas, hacen que nuestro sistema viva alerta de forma permanente. A pesar de que los avances médicos y científicos intentan por todos los medios controlar y reducir esta alteración que desencadena numerosas enfermedades cardiovasculares, sigue siendo la causa de algunas patologías graves psíquicas y emocionales, como el estrés crónico, la ansiedad o la depresión, pero también físicas como las taquicardias o el infarto de miocardio, que es en las que nos vamos a centrar hoy.

Lo hemos dicho en numerosas ocasiones. El estrés siempre ha estado presente, y es la respuesta del ser humano para su propia supervivencia y su evolución. Sin embargo, cuando el organismo entra en una espiral de permanecer en tensión de forma constante, sufre un gran desgaste energético continuo que termina en la aparición de síntomas o trastornos como las taquicardias o los infartos.

En la práctica de la psiconeuroinmunología clínica entendemos que el corazón no es un órgano aislado, sino el epicentro de una compleja red de conexiones entre el sistema nervioso, el endocrino y el inmunitario. Entonces ante la pregunta de si el estrés puede provocar una taquicardia o un infarto, la respuesta es un rotundo afirmativo. La clave está en cómo nuestro cuerpo gestiona las amenazas actuales.

La activación constante del sistema nervioso impacta significativamente la aparición de taquicardias o el riesgo de infarto.

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¿Qué relación existe entre el estrés y la taquicardia o el infarto?

La relación media por eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA). Bajo un episodio de estrés el cuerpo libera catecolaminas (adrenalina) y cortisol (la hormona del estrés). En PNI clínica se observa que, si este estado de se prolonga, se produce una especie de inflamación que daña el endotelio (la fina capa interna de las arterias), facilitando la aparición de determinadas enfermedades cardiovasculares.

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Taquicardia e infarto: no son lo mismo

Para comprender su relación con el estrés, primero debemos distinguir estas dos manifestaciones de la enfermedad cardiovascular:

  • La taquicardia es un aumento de la frecuencia cardíaca por encima de los 100 latidos por minuto, que en el contexto de un episodio de estrés, suele ser una respuesta fisiológica de «lucha o huida». El sistema nervioso simpático libera catecolaminas (adrenalina) como respuesta a defenderse ante una amenaza, acelerándose de esta manera el pulso, para bombear sangre a los músculos.
  • El infarto en cambio, es una lesión irreversible del músculo cardíaco debido a la falta de oxígeno, generalmente por la obstrucción de una arteria coronaria.

Mientras que la taquicardia es un trastorno del ritmo cardíaco, el infarto es un problema de riego.

El origen: cuando el estrés se comporta como disruptor sistémico

Desde la psiconeuroinmunología clínica, el estrés crónico provoca y actúa como un factor de inflamación de bajo grado. No es solo una sensación mental; es un episodio o acontecimiento que se produce en nuestro sistema ante determinados signos de alerta y que altera la permeabilidad intestinal, activa el eje HPA (hipotálamo-hipófisis-adrenal) y moviliza citoquinas proinflamatorias.

El problema es peor cuando el estrés se vuelve crónico, porque ese exceso de cortisol y adrenalina que se produce con más frecuencia ocasiona:

  • Disfunción endotelial. Es decir, las paredes de nuestras arterias se vuelven rígidas y permeables, facilitando que el colesterol se oxide y forme placas de ateroma.
  • Hipercoagulabilidad. El cuerpo, interpretando señales de alerta, aumenta la capacidad de coagulación de la sangre con el objetivo de evitar hemorragias ante una posible herida, lo que incrementa el riesgo de trombos que pueden derivar en un infarto.
  • Un desequilibrio que puede disparar una taquicardia persistente o incluso arritmias graves.

Una visión desde la PNI clínica: cerebro-sistema inmune-corazón

La PNI clínica entiende el corazón como un órgano que ante determinados acontecimientos puede sufrir inflamación sistémica. Si un paciente presenta taquicardia recurrente sin causa estructural aparente, debemos realizar un estudio más profundo acerca de su origen.

Sería importante cuestionarnos y ver si existe un posible cuadro de inflamación crónica, si hay resistencia a la derivada de hábitos o un estilo de vida sedentario o mala gestión emocional.

El abordaje desde la psiconeuroinmunología clínica no se limita a tratar el síntoma (el latido acelerado), sino a reequilibrar el sistema. Esto implica regular el nervio vago —nuestro freno natural contra el estrés—, mejorar la dieta para reducir la carga inflamatoria y recuperar los ritmos circadianos.

Conclusiones

La relación entre el estrés y las alteraciones cardiovasculares es directa y bidireccional. La taquicardia puede ser el primer aviso de un sistema nervioso desbordado, mientras que el infarto es a menudo el resultado final de años de inflamación y estrés mantenido. Entender la enfermedad desde la PNI clínica nos permite pasar a una fase de prevención real, devolviendo y haciendo al paciente partícipe del control sobre su propia salud.

Autor

Elena López

Llevo más de 20 años trabajando como fisioterapeuta, pero mi ámbito profesional y mi forma de vida dio un giro de 180 grados cuando me convertí en lo que soy actualmente: especialista en Psiconeuroinmunología clínica. Disciplina que me ha brindado la oportunidad de crecer exponencialmente y que llegó a mí de la mano del Dr. Leo Pruimboom, fundador y referente mundial por excelencia de esta disciplina médica. Una nueva vía de intervención que descubrí cuando aún estaba cursando mis estudios universitarios en Fisioterapia, que cambió mi perspectiva y por su puesto la manera de trabajar con los pacientes.

Labor clínica, con la que no dejo de aprender constantemente y disfrutar cada día. Además, al mismo tiempo me permite desarrollar mi segunda actividad y pasión, la de coordinar el Máster en PNIc. Me encanta mantener un nexo de unión continuo con los grandes referentes y docentes, y comprobar cómo los alumnos van adquiriendo una nueva dimensión de conocimiento y formación.

Todo ello no sería posible sin el motor de mi vida, mi pequeña gran familia, (Gonzalo y mis cuatro hijos) y esos momentos de desconexión. Descargo adrenalina jugando al baloncesto, bailando flamenco y no cambio por nada del mundo disfrutar de un buen vino con mis amigos.

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