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 «Tengo las transaminasas altas”, una mirada desde la PNI clínica
«Tengo las transaminasas altas”, una mirada desde la PNI clínica

«Tengo las transaminasas altas”, una mirada desde la PNI clínica

Salud 23 abril 2025

Numerosos pacientes que se hacen análisis de sangre rutinarios ven cómo sus resultados registran la transaminasas altas, un valor que a primera vista es alarmante porque en la mayoría de casos tiene relación directa con algún tipo de alteración hepática.

Sin embargo y más allá de esta causa, pueden existir otros trastornos. Hablamos de una posible infección por la toma de determinados medicamentos, por el consumo de alcohol o por la acumulación de grasa en el hígado. También se registran niveles elevados por las celiaquías, por el hierro o por otras circunstancias que disparan estas enzimas, y que a veces incluso son de origen desconocido, como ocurre especialmente en el caso de los niños y adolescentes.

Veamos qué son las transaminasas, cómo se comportan, por qué aumentan, los tipos más frecuentes, y cómo se interpretan desde un punto de vista integral como el de la psiconeuroinmunología clínica.

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Las transaminasas y su función en el metabolismo

Las transaminasas son enzimas necesarias para el funcionamiento del metabolismo celular, especialmente del hígado. Juegan un papel esencial en la producción de distintas proteínas necesarias para nuestro metabolismo. Son marcadores clave en los análisis de sangre a la hora de evaluar la salud hepática, y unos valores elevados o fuera de lo normal, pueden ser un claro indicador de alarma.

Los principales tipos de transaminasas que se miden en sangre son,

  • La ALT (alanina aminotransferasa) que se conoce también como GPT y que es más específica del hígado. Fundamentalmente transforma los alimentos que ingerimos en dosis de energía.
  • Por otro lado están las AST (siglas de aspartato aminotransferasa) también conocidas como GOT, que además de en el hígado, se encuentran en otros órganos como el corazón, los músculos o los riñones.

Ambos tipos de enzimas participan en la transaminación, el proceso químico metabólico donde se transfieren grupos de aminoácidos entre moléculas para sintetizar aminoácidos no esenciales que son fundamentales para la vida.

¿Por qué aumentan las transaminasas?

Un aumento del nivel de las transaminasas significa que están dañando a nivel celular especialmente el hígado. Se lesionan los hepatocitos que son las células del hígado, y en consecuencia liberan estas enzimas dañadas dando paso a la sangre. Entre las causas más comunes están,

  • El hígado graso no alcohólico (NAFLD).
  • La hepatitis vírica (tipo A, B o C).
  • El consumo excesivo de alcohol.
  • El uso de medicamentos hepatotóxicos (como el paracetamol).
  • Ejercicio físico muy intenso, que en especial afecta a las transaminasas tipo AST.
  • Por enfermedades autoinmunes o metabólicas.
  • También el estrés crónico y las alteraciones psicoemocionales pueden estar directamente relacionadas con un aumento de los niveles de las transaminasas.

Por qué es importante vigilar estos niveles

En realidad, tener las transaminasas elevadas, no es una enfermedad en sí misma, pero sí es un claro indicador de que algo anormal está pasando en nuestro sistema, especialmente en el hepático. Si se mantiene en el tiempo sin abordar la causa, puede derivar en trastornos mucho más graves como la fibrosis hepática, las cirrosis, un riesgo cardiovascular aumentado, la fatiga crónica, problemas digestivos o una disfunción inmunológica.

Transaminasas y Psiconeuroinmunología clínica

El hígado además de ser un órgano metabólicamente complejo, es sensible a las respuestas neuroendocrinológicas vinculadas al estrés, las emociones, la inflamación de bajo grado o al estilo de vida.

Desde el punto de vista de la PNI clínica, existen una serie de conexiones clave que pueden ocasionar una alteración de los niveles de transaminasas al alza.

1. El estrés crónico y el cortisol elevado

Estos fenómenos pueden afectar directamente a la función hepática, aumentando la inflamación sistémica y generando resistencia a la insulina, lo que a su vez puede desencadenar en hígado graso.

2. Disbiosis intestinal

Un intestino permeable o una alteración en la microbiota pueden liberar endotoxinas (como LPS) que llegan al hígado generando inflamación hepática.

3. Inflamación de bajo grado

Otra de las causas que suben estos niveles son los malos hábitos alimenticios, la alteración de los ritmos circadianos, la alimentación ultraprocesada, el sedentarismo o la falta de conexión social, impactando directamente sobre la función hepática de forma silenciosa.

4. El hígado es sensible a las emociones

El estrés psicoemocional condiciona la respuesta neuroendocrinológica, que también pasa por el hígado, pudiendo limitar la capacidad de biotransformación y estimulando la gluconeogénesis.

Tratamiento de control de las transaminasas

  1. Una dieta que module la respuesta inflamatoria tiende a regular los niveles de transaminasas. Desde la eliminación de ultraprocesados, hasta la reducción de fructosas y azúcares, potenciando algunos alimentos como el brócoli, cúrcuma o el cardo mariano. También es importante eliminar el consumo de alcohol.
  2. La gestión del estrés a través de tratamientos y terapias de integración emocional (terapias corporales, mindfulness, etc.)
  3. La regulación del sistema nervioso a través de ejercicios de respiración y relajación como el mindfulness, los baños de bosque en contacto con la naturaleza o el simple descanso real tienden a regular las transaminasas.
  4. Se notará una mejora del eje intestino-hígado con la toma de prebióticos y probióticos para la regulación de la microbiota.
  5. La actividad física y el movimiento (caminar, ejercicios de movilidad o el yoga, son actividades que ayudan a favorecer el metabolismo hepático sin necesidad de forzar excesivamente la musculatura).

Autor

Elena López

Llevo más de 20 años trabajando como fisioterapeuta, pero mi ámbito profesional y mi forma de vida dio un giro de 180 grados cuando me convertí en lo que soy actualmente: especialista en Psiconeuroinmunología clínica. Disciplina que me ha brindado la oportunidad de crecer exponencialmente y que llegó a mí de la mano del Dr. Leo Pruimboom, fundador y referente mundial por excelencia de esta disciplina médica. Una nueva vía de intervención que descubrí cuando aún estaba cursando mis estudios universitarios en Fisioterapia, que cambió mi perspectiva y por su puesto la manera de trabajar con los pacientes.

Labor clínica, con la que no dejo de aprender constantemente y disfrutar cada día. Además, al mismo tiempo me permite desarrollar mi segunda actividad y pasión, la de coordinar el Máster en PNIc. Me encanta mantener un nexo de unión continuo con los grandes referentes y docentes, y comprobar cómo los alumnos van adquiriendo una nueva dimensión de conocimiento y formación.

Todo ello no sería posible sin el motor de mi vida, mi pequeña gran familia, (Gonzalo y mis cuatro hijos) y esos momentos de desconexión. Descargo adrenalina jugando al baloncesto, bailando flamenco y no cambio por nada del mundo disfrutar de un buen vino con mis amigos.

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